Una mirada amable al Parkinson 3

28 Jul 2026

Una mirada amable al Parkinson 3
¿Por qué el movimiento es una de las mejores herramientas para vivir con Parkinson?
Cuando una persona recibe el diagnóstico de Parkinson, una de las primeras preocupaciones suele ser la misma: "¿Voy a dejar de moverme como antes?"
Es una pregunta comprensible. Después de todo, el Parkinson afecta al movimiento. Pero hay una noticia esperanzadora: hoy sabemos que el movimiento no solo es una consecuencia de la enfermedad, sino también una de las herramientas más importantes para convivir con ella.
No se trata de hacer deporte intenso ni de exigirle al cuerpo más de lo que puede dar. Se trata de mantenerse activo, respetando las posibilidades de cada persona.
Nuestro cuerpo necesita movimiento
El cuerpo humano fue diseñado para moverse. Cada vez que caminamos, nos levantamos de una silla, subimos una escalera o estiramos los brazos, no solo trabajan los músculos. También trabaja el cerebro.
Movimiento y cerebro forman un equipo.
Cuando dejamos de movernos durante mucho tiempo, ambos comienzan a perder eficiencia. En cambio, cuando nos mantenemos activos, seguimos estimulando los circuitos que participan en el equilibrio, la coordinación y la movilidad.
Cada movimiento cuenta
Muchas personas creen que solo sirve hacer una hora de ejercicio al día. No siempre es así.
Caminar unos minutos, levantarse varias veces de la silla, cambiar de postura, realizar ejercicios suaves de movilidad o participar en las tareas del hogar también son formas de mantener el cuerpo activo.
Lo importante es evitar que el movimiento desaparezca de nuestra rutina.
Nuestro cuerpo agradece la constancia mucho más que los grandes esfuerzos realizados de vez en cuando.
El movimiento ayuda de muchas maneras
Mantenerse activo puede ayudar a conservar la movilidad, mejorar el equilibrio, disminuir la rigidez y facilitar las actividades de la vida diaria.
Muchas personas también descubren que, después de moverse, sienten mayor energía, mejor estado de ánimo y más confianza para realizar tareas que antes les generaban inseguridad.
Cada pequeño avance fortalece la sensación de que todavía es posible seguir haciendo muchas cosas.
Moverse también es ganar confianza
En ocasiones, el miedo a perder el equilibrio hace que algunas personas reduzcan cada vez más su actividad. Es una reacción comprensible.
Sin embargo, cuando dejamos de movernos por miedo, el cuerpo pierde fuerza, flexibilidad y seguridad.
Siempre que sea posible y con la orientación adecuada, seguir moviéndose suele ser una mejor estrategia que permanecer inmóvil.
El objetivo no es hacer más, sino seguir haciendo.
Escuchar al cuerpo
Cada día puede ser diferente. Habrá días en los que el cuerpo responda con mayor facilidad y otros en los que necesite ir más despacio.
Aprender a reconocer esos cambios permite adaptar la actividad sin abandonar el movimiento.
Escuchar al cuerpo no significa rendirse ante él. Significa respetarlo para poder seguir avanzando.
La rehabilitación también forma parte del camino
El acompañamiento de profesionales como fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales y otros especialistas ayuda a elegir los ejercicios más adecuados para cada etapa.
No todas las personas necesitan hacer lo mismo.
Cada programa debe adaptarse a las capacidades, los objetivos y las necesidades de quien lo realiza. Por eso, comparar nuestra evolución con la de otras personas rara vez resulta útil.
Pequeños hábitos que marcan una diferencia
A veces pensamos que solo los grandes cambios producen resultados.
Sin embargo, la suma de pequeños hábitos cotidianos puede tener un enorme valor.
Caminar todos los días.
Levantarse y estirarse después de estar sentado un largo rato.
Practicar ejercicios de equilibrio.
Mover los brazos al caminar.
Respirar profundamente mientras realizamos los ejercicios.
Todo ello contribuye a mantener el cuerpo activo y preparado para las actividades diarias.
Lo importante no es hacerlo perfecto
Hay personas que se desaniman porque sienten que ya no pueden hacer las cosas como antes. Pero el objetivo no es alcanzar la perfección.
El verdadero objetivo es conservar la mayor independencia posible y disfrutar del movimiento dentro de las posibilidades de cada uno.
Cada paso cuenta. Cada ejercicio cuenta. Cada día que elegimos movernos estamos cuidando nuestro cuerpo.
Una mirada amable
A lo largo de mi trabajo he comprobado algo que nunca deja de sorprenderme: el cuerpo conserva una extraordinaria capacidad para adaptarse.
Incluso cuando convive con una enfermedad, sigue buscando maneras de responder, aprender y mantener su equilibrio. Por eso, cada movimiento tiene un valor que va mucho más allá del ejercicio.
Es una forma de decirle al cuerpo: "Todavía confío en ti."
Y esa confianza, acompañada de un tratamiento adecuado, del apoyo de la familia y de hábitos saludables, puede marcar una diferencia importante en la calidad de vida.
Porque movernos no siempre significa ir más rápido.
Muchas veces significa seguir avanzando, un paso a la vez.
Observa tu movimiento
Con preguntas sencillas como:
• ¿Hoy camino con pasos amplios o más cortos?
• ¿Balanceo ambos brazos al caminar?
• ¿Puedo levantarme de una silla sin apresurarme?
• ¿Mi respiración acompaña el movimiento o la contengo sin darme cuenta?
• ¿Qué actividad disfruto más y me gustaría seguir haciendo?

Nos vemos en las redes sociales. Cualquier inquietud pueden escribir que los leo.