Entrenando con empatía

22 Jul 2026

Entrenando con empatía
"La empatía en el ejercicio consiste en comprender que cada cuerpo aprende, se adapta y progresa a su propio ritmo. Respetar ese ritmo también es una forma de cuidar la salud."
Entrenar con empatía
Hay una escena que se repite todos los días en gimnasios, parques y centros deportivos. Una persona que lleva años entrenando invita con entusiasmo a alguien que recién comienza.
"¡Vamos, una repetición más!" "¡No pasa nada, tú puedes!" "Yo también empecé así."
La intención suele ser buena.
Quiere motivar.
Quiere ayudar.
Pero, sin darse cuenta, puede estar pidiendo algo para lo que el otro todavía no está preparado.
Cada cuerpo tiene su propia historia
Cuando observamos a alguien hacer ejercicio solo vemos el resultado. No vemos los años de entrenamiento. No conocemos las lesiones que ha superado. No sabemos si duerme bien, si tiene dolor, si toma medicamentos o si hace apenas una semana decidió empezar a moverse después de años de sedentarismo.
Dos personas pueden tener la misma edad y una condición física completamente diferente.
Por eso comparar sus capacidades casi nunca es justo.
Motivar no siempre significa exigir
Existe una idea muy extendida: "Si le exijo más, mejorará más rápido." Sin embargo, el cuerpo no aprende bajo presión constante. Aprende cuando recibe un desafío que es capaz de afrontar. Si el reto es demasiado pequeño, no progresa. Pero si es demasiado grande, aparece el miedo, la frustración, el dolor o incluso una lesión. El equilibrio está en encontrar el siguiente paso, no el último.
La empatía también protege
Ser empáticos durante el ejercicio significa comprender que cada persona necesita un ritmo diferente. Para algunos, correr diez kilómetros es una rutina. Para otros, caminar quince minutos sin detenerse ya representa una gran victoria. Ambos están progresando. Simplemente se encuentran en momentos distintos del mismo camino.
El peligro de las comparaciones
Las redes sociales muestran personas levantando grandes pesos, corriendo maratones o realizando movimientos espectaculares. Eso puede inspirar. Pero también puede hacernos olvidar que cada uno comenzó desde un punto diferente. Compararnos constantemente con quienes están varios años por delante solo consigue que dejemos de valorar nuestros propios avances.
La comparación rara vez motiva.
Con frecuencia desanima.
También debemos ser empáticos cuando enseñamos
Quien tiene experiencia suele olvidar cómo fueron sus primeros días. Olvida el cansancio. La inseguridad. La falta de coordinación. El miedo a equivocarse. Recordar ese momento nos convierte en mejores compañeros de entrenamiento, mejores entrenadores y mejores profesionales. Porque enseñar no consiste únicamente en demostrar lo que uno puede hacer. Consiste en descubrir hasta dónde puede llegar la otra persona hoy.
El cuerpo necesita tiempo
Los músculos se fortalecen poco a poco. Los tendones también necesitan adaptarse. El equilibrio mejora con la práctica. La coordinación se aprende. Ninguno de estos cambios ocurre de un día para otro. Intentar acelerar ese proceso suele producir el efecto contrario. El cuerpo no responde bien a la prisa. Responde mejor a la constancia.
Una reflexión final
La verdadera motivación no consiste en pedirle a todos que hagan lo mismo. Consiste en ayudar a cada persona a descubrir el siguiente paso que sí puede dar.
Porque entrenar no es competir con quien tenemos al lado. Es construir, poco a poco, una mejor versión de nosotros mismos. Y la empatía también forma parte de ese entrenamiento.
Nos vemos en mis redes sociales. Si tienen alguna inquietud pueden escribirme.