Niños: La postura también se educa

06 Jul 2026

Niños: La postura también se educa
Los niños crecen mientras juegan, estudian, corren, cargan mochilas, usan computadoras y pasan tiempo frente a una pantalla. Cada una de esas actividades representa un estímulo para un cuerpo que todavía se está desarrollando.
La buena noticia es que el organismo infantil tiene una enorme capacidad de adaptación. La mala noticia es que también puede adaptarse a hábitos que no le favorecen.
El cuerpo no trabaja de forma perfectamente simétrica. Si observamos cualquier actividad cotidiana, veremos que el cuerpo distribuye el trabajo entre ambos lados. Cuando escribimos con la mano derecha, el tronco realiza pequeños ajustes para facilitar el movimiento. Cuando caminamos, una pierna sostiene el peso mientras la otra avanza. Cuando utilizamos un teclado, ambas manos participan, pero no realizan exactamente el mismo movimiento al mismo tiempo. Estas diferencias son completamente normales. Forman parte de la extraordinaria coordinación del sistema nervioso. El problema aparece cuando una misma postura se mantiene durante demasiado tiempo.
Mientras estamos concentrados estudiando, leyendo o utilizando un teléfono celular, dejamos de prestar atención a nuestro cuerpo.
Poco a poco aparecen los hombros adelantados, la cabeza inclinada hacia la pantalla o una pelvis que permanece siempre en la misma posición. Al principio son adaptaciones temporales. Con el tiempo pueden convertirse en hábitos. Y los hábitos repetidos durante meses o años pueden modificar la forma en que el cuerpo se mueve.
Los niños merecen una atención especial. Durante la infancia y la adolescencia, los huesos, músculos y articulaciones todavía están creciendo. Por eso es importante favorecer hábitos saludables desde edades tempranas.
No se trata de buscar una postura perfecta ni de corregir constantemente al niño. Se trata de evitar que permanezca muchas horas en la misma posición y ofrecerle oportunidades para moverse, cambiar de postura y utilizar su cuerpo de formas diferentes.
Las mochilas muy pesadas, el uso prolongado de computadoras, tabletas o teléfonos celulares y las largas horas de estudio pueden favorecer posiciones poco saludables si no se compensan con movimiento.
¿Qué señales conviene observar?
Los padres pueden prestar atención a algunos aspectos sencillos:
• Un hombro más alto que el otro.
• Hombros constantemente adelantados.
• Cabeza proyectada hacia delante.
• Tendencia a apoyarse siempre sobre el mismo lado.
• Asimetrías evidentes al caminar o permanecer de pie.
• Preferencia exagerada por utilizar siempre un mismo lado del cuerpo cuando no es necesario.
La mayoría de estas observaciones no significan necesariamente que exista un problema importante, pero sí pueden indicar la conveniencia de una evaluación profesional.
La detección temprana hace la diferencia.
Sugiero realizar una evaluación postural alrededor de los cinco o seis años, incluso cuando el niño no presenta molestias. Si los padres observan alguna alteración evidente antes de esa edad, la valoración debería realizarse cuanto antes. Cuanto más temprano identifiquemos un hábito poco saludable, más sencillo será corregirlo.
El mejor aliado sigue siendo el movimiento.
Todos tenemos cierta tendencia natural a dejar que los hombros, la cabeza y la pelvis cedan ligeramente hacia delante debido a la acción de la gravedad.
Por eso el movimiento es tan importante. Correr, saltar, jugar, trepar, cambiar de postura y realizar actividades variadas ayudan a desarrollar un cuerpo fuerte, equilibrado y preparado para enfrentar las exigencias de la vida diaria.
Los malos hábitos pueden instalarse poco a poco.
Pero la buena noticia es que los buenos hábitos también se aprenden.
Y cuanto antes comencemos a cultivarlos, mayores serán los beneficios para el futuro.