29. abr., 2020

Compartiendo espacios

 

Esta pandemia me tocó vivirla con dos de mis tres hijas como lo mencioné, y aunque chico, hay un espacio para cada una. Nunca me había puesto a pensar lo importante que es saber crear un cubículo personal, una burbuja donde ni el ruido o las conversaciones de otras personas nos distraigan. Es saludable no solamente para nosotros sino también para la relación con los demás miembros de la familia ó cohabitantes de la casa.

Dividir las tareas no fue algo predeterminado, sabemos cuál es el fuerte de cada una de nosotras. Yo, personalmente no sé cocinar pero, me encanta limpiar. Una de mis hijas es nutricionista, comprenderán,  no hay persona más idónea para pasar una cuarentena que ella; decide que tomaremos en el desayuno, almorzaremos y cenaremos, sin forzar, nos orienta y además cocina sano y diferente. Delicioso.

La menor de mis hijas, Ingeniero Ambiental, quiere protegernos, conoce mucho más de seguridad en salud, prefiere ser ella la que hace las compras porque aunque el enemigo es invisible a los ojos, ella se protege haciendo la ruta más corta y solo cuando es realmente necesario.

Soy una persona del tipo  líder, tuve que serlo, sin embargo, en estas semanas de reclusión social, he logrado ceder muchos de los espacios que yo había liderado, hay decisiones que ya no las tomo sola, es imposible, debemos tener un consenso y decidir entre las 3. Ha resultado ser muy beneficioso. 

No niego que inicialmente hubieron muchos roces, 3 personas totalmente independientes, dueñas de su vida, adultas, con mucho amor y respeto entre nosotras pero también, con muchos proyectos iniciados, encaminados y, de repente, recluídas, porque hay un virus afuera que puede ser mortal. 

La vulnerabilidad que emana de un enemigo que no podemos ver, creó inicialmente un conflicto emocional que se desbordaba en diferentes situaciones, por cosas que no tenían sentido. Reconozco, somos personas pensantes y logramos silenciosamente hacer un mundo dentro de nuestro mundo, uno  independiente dentro de nuestro núcleo familiar, logramos armonía.

Hoy observo mi cuarto y no me parece tan pequeño, siento que todo lo que tengo entra aquí y no necesito más. He balanceado mis intereses? Mi objetividad es la misma? Mis prioridades han cambiado, lo que me replantea muchas cosas a futuro y, todavía no sé cómo lo enfrentaremos.

Una pregunta que me asaltó hoy: Qué va a pasar cuando empecemos a salir? Cómo me voy a sentir al saber que mis hijas salen al mundo y sin vacuna? sí,  con mascarilla, gel desinfectante, con  lentes o protectores faciales pero, ya no es el mismo mundo que conocimos, Cómo va a ser nuestra vida partir de ahora. Yo solía abrazar a mis hijas, ahora las expresiones de afecto serán un recuerdo?

Empecemos a planificar cómo haremos este reinicio de vida. Nos han reseteado, nos han apagado todo el sistema y lo están volviendo encender después de mas de 40 días. Cómo va a funcionar? Me Temo que va haber mucho miedo, y  a veces el miedo es bueno, podría servir para cuidar nuestra calidad de vida. 

A reflexionar, no somos computadoras que empezarán a trabajar, somos seres vivos, sensibles, vulnerables, lo hemos comprobado.  Podemos hacer una mejor versión de nosotros mismos? 

Empezamos otra vez? 

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